|
Estudios culturales 1. De los efectos a los usos y gratificaciones Es corriente dividir los estudios sobre la audiencia de los media en tres grandes corrientes o tradiciones investigadoras: efectos, usos y gratificaciones y recepción. Las tres suministran buena parte de los problemas y temas relacionados con los públicos. Mientras que las dos primeras surgen casi simultáneamente, alrededor de los años 40, la última es bastante reciente, comenzando su desarrollo a comienzos de la década de los 80. TRADICIÓN DE LOS EFECTOS. La irrupción de los media generó todo tipo de pánico e inquietud en diversos sectores sociales, lo que propició investigaciones diversas sobre sus posibles efectos. Su evolución ha pasado por diversas fases o ciclos (Wolf, 1992) que han ido desde los considerados efectos fuertes, ilimitados, directos y a corto plazo, coincidente con su primera etapa (llamada de "la bala mágica" o de "la jeringuilla hipodérmica") a otros más atenuados, indirectos y a más largo plazo, de etapas posteriores. En su fase de efectos fuertes se apoyó en la teoría conductista y en ella se realizaron diversos experimentos que pretendían probar una cierta relación causal entre los media y algunos comportamientos sociales, sobre todo en temas como la violencia. Paulatinamente se fue pasando a una fase de efectos más débiles en las que sustituyeron los experimentos por encuestas (survey) y otros análisis estadísticos que buscaban establecer correlaciones entre la visión de determinados contenidos y las opiniones y actitudes sociales de diversos grupos de espectadores. En esta etapa se incorporan teorías más abiertas como la Psicología Cognitiva o la Psicología Social. Algunas teorías recientes como la Agenda Setting, la espiral de silencio o la teoría del cultivo representan análisis más finos y elaborados en la tradición de los efectos, al incluir más variables o factores, sobre todo de tipo social. USOS Y GRATIFICACIONES. Lo más destacado de ella es la inversión en el planteamiento sobre los posibles efectos. No se estudia al público de manera subsidiaria, dependiente y pasivo, dispuesto a recibir todo tipo de mensajes y dejarse manipular, sino que lo considera como un agente activo y capaz de responder a los media y hacerlo de manera selectiva. Si los efectos se preguntaban por el impacto de los media sobre los individuos, los usos y gratificaciones lo harán por lo que los individuos hacen con los media. Del qué hacen los media con la gente se pasa al qué hace la gente con los media. Estamos pues en el polo opuesto: la imagen del espectador pasivo y narcotizado de los efectos deja paso a la del receptor activo y concienciado, quien, además, utiliza los media para satisfacer ciertas necesidades. De este modo nos encontramos ante una inversión en lo que respecta a la relación entre media y los receptores, en favor de éstos últimos. El poder que los efectos otorgaban a los media queda diluido. Ambos paradigmas investigadores plantean grandes interrogantes en torno a buena parte de sus conclusiones. Basta seguir la evolución interior, sobre todo en los efectos, y las críticas de investigadores ligados a ellas para que no desaparezca la sospecha. Cuando Klapper en 1960 llega a la conclusión de que "la comunicación de masas no basta normalmente como causa necesaria y suficiente de los efectos sobre la audiencia, sino que más bien actúa a través de un nexo de factores intermedios" está significando que, si hay efectos, estos operan dentro de una estructura de relaciones sociales y contextos socioculturales determinados. Más recientemente Wartella y Reeves (1985) sostienen, tras una revisión de las más importantes investigaciones del tema, que las conclusiones de los estudiosos van contra la convicción de un masivo poder manipulador de los media. A semejante conclusión llegó entre nosotros Martin Serrano (1990) tras examinar las investigaciones acerca de los efectos sobre los niños. De alguna manera el panorama de la comunicación en sus inicios presenta las características propias de un campo emergente, que se está constituyendo. No es de extrañar que muchas investigaciones tuvieran su origen en otras disciplinas importadas, especialmente la Psicología, lo que quizá facilitó conclusiones un tanto apresuradas. De este modo, frente a la cautela de estudiosos pertenecientes al propio ámbito de la comunicación, como Himmelweitt o Schramm, pioneros del mismo, sobre los efectos, se alzan otros trabajos que conciben la misma en términos, como diría Wolf (1992), casi patológicos. Basta recordar que los durante bastante tiempo fueron los departamentos de salud mental de Estados Unidos los que más invirtieron en investigaciones sobre los efectos posibles de los medios. Como bien dice Hartley, desde el paradigma de la recepción, los estudios de la efectos han producido una verdadera riada de metáforas de lo pernicioso, auténticas figuras memorables de la segunda mitad del siglo XX (Dayan, 1997). Son los fantasmas y mitologías del público niño: las mitologías guerreras de la bala mágica y la jeringa hipodérmica dieron paso a otras relativas al embotamiento y adormecimiento domésticos, como el niño zombi, el ama de casa enferma de teledosmeticidad o el adolescente al que una sobredosis de violencia de ficción transforma en asesino. Figuras de guerra y envenenamiento. Al final parece que la única conclusión a la que han llegado los estudios de los efectos es a una afirmación tan ambigua como esta: "Cierto tipo de comunicación sobre ciertos temas vistos por ciertas personas en ciertas circunstancias tiene ciertos efectos". Son las conclusiones de un grupo de expertos sobre la violencia en los media de los años 50. Por lo que respecta a los usos y gratificaciones los estudios de la recepción consideran que es demasiado psicologista al atribuir a un concepto tan ambiguo como el de necesidades una capacidad tan importante sobre las decisiones de los receptores. No aparecen referencias que, tanto para los integrantes de los estudios culturales como para los analistas de la recepción, son fundamentales, entre ellos los factores de contexto, tanto social como cultural. Sin embargo sí que reconocen el la importancia del sujeto como receptor activo en la descodificación. Sin embargo, los ataques más importantes de la tradición descodificadora o receptora se dirigen a los efectos. 2. La 1ª etapa de los Estudios Culturales La división de la cultura en refinada, mediocre y baja, se halla detrás de las inquietudes de los E.C. La obra seminal de Hoggart "The Uses of Literacy" (La cultura del pobre) analiza los cambios en el modo de vida de la clase obrera (trabajo, vida sexual, ocio, familia…). Representa un canto a las formas tradicionales de la clase obrera, de la que él procede, y que resisten a los nuevos estilos de vida. Un año después, R. Williams, otro de los fundadores de los Estudos Culturales, en "Cultura and Society" critica la disociación entre sociedad y cultura. En 1964 se funda en Birmingham el CCCS (Centre of Contemporary Cultural Studies). Estudiará las formas y prácticas culturales en relación con la sociedad. Hoggart fue el primer director y le sucedió otro personaje emblemático, Stuart Hall. Otro personajes importante es el historiador E.P. Thompson. Según especifica Hoggart la cultura es parte del proceso social que da significación y contexto a las diversas formas de ella. La literatura y el arte son una parte de esa comunicación social. Incorporan supuestos teóricos de otras fuentes, además del marxismo. Entre ellas de la escuela de Chicago el interaccionismo simbólico que les proporciona herramientas de análisis social de naturaleza etnográfica para el estudio de los microgrupos y las distintas formas de cultura de las minorías y colectivos sociales. Todo ello en la idea de situarse en la perspectiva del actor social que define su situación. Los E.C. renuevan esta tradición creando talleres de análisis social de distintos sectores culturales y grupos, incluyendo jóvenes, mujeres y minorías. Son aportaciones decisivas los trabajos de las feministas. Otras aportaciones teóricas se las proporcionan Lukacs, Barthes, Benjamín, Bakhtin, Sartre. Pero se interesan sobre todo por las formas culturales populares: revistas femeninas, programas de radio, ficción popular, información de televisión. De Gramsci toman la noción de hegemonía intelectual entendida como diseminación social de la resistencia y la construcción de alternativas sociales. El concepto de cultura de Williams ha servido de reflexión nuclear al grupo de Birmingahm (CCS). Para él al hablar de cultura no se refiere sólo a la alta cultura sino a la cultura popular y al gusto popular: comics, cine, TV, música pop, videos musicales, telenovelas. Todos ellos constituyen una suerte de textos populares que deben estudiarse a fondo. La academia, que habitualmente había dado la espalda a esta cultura, debería estudiarla con el mismo rigor que la alta cultura Todo ello en su habitat natural, lo cotidiano, las actividades de grupos minoritarios, marginados, minorías étnicas, subculturas y similares. Y de un modo etnográfico. El trabajo de S. Hall, en su artículo Encoding/Decoding, publicado en 1973 abre una vía novedosa de investigación crítica de los medios de comunicación. Distingue Hall entre cuatro procesos en el estudio de los medios: producción, circulación, distribución/consumo y reproducción. De este modo, la audiencia es tanto como receptora como fuente del mensaje, en la medida en que el emisor elabora sus contenidos en base a la imagen de ella. Los momentos de codificación y descodificación quedan vinculados por este aspecto. A su vez, la audiencia procede a descodificar siguiendo una lógica triple: dominante, opositora y negociada. El primero es el hegemónico y se atiene a la legitimidad y valores sociales extendidos. Representa la descodificación del orden, de lo instituido, de lo políticamente correcto. Frente a esta lectura se alza otra que representa una visión del mundo antagónica, opuesta a la representada mayoritariamente y divulgada por el emisor como instrumento de los valores mayoritarios. Es una descodificación desde la oposición a esos valores (cuando se traduce el interés nacional por el de clase, es un ejemplo). El código negociado contiene elementos de adaptación y oposición, representa una lectura mediada que recoge ambos planteamientos e intenta una simbiosis de ellos. Con el trabajo de Morley y Brundston de 1978 Everyday Televisión, Nationwide se produce una vuelta de tuerca en los media studies dentro de los Estudios Culturales. Se analizan una variedad de programas dirigidos a las clases populares bajo las variables del sexo y la clase social. Se inicia así una reflexión sobre los géneros populares (sitcoms, deportes, culebrones, etc). Se explora en esta obra el modo en que los programas de entretenimiento popular representan la vida diaria, sus contradicciones, la construcción de una cultura popular y un sentido de la vida sobre la base de las representaciones de género, clase social y de grupos étnicos. Pero la fase siguiente de los Estudios Culturales supone un paso del texto al receptor. Se produce un desplazamiento de los contenidos a las audiencias. Es a partir de entonces que puede considerarse el inicio del paradigma de la recepción propiamente dicho convergiendo con trabajos sobre la recepción de los medios efectuados en otros países de Europa. 3. Conceptos fundamentales Morley recordó que ya es hora de que se tenga en cuenta el momento del consumo, y no sólo el de la producción en las investigaciones sobre la comunicación de masas. En definitiva, que el receptor sea tenido en cuenta. Hay un conjunto de fundamentos teóricos de raíz humanista que se hayan en la base de esta corriente teórica, como el interaccionismo simbólico, la fenomenología, la antropología, la sociología cualitativa, la psicología social, la hermenéutica, la teoría de la comunicación de Habermas o la sociología de Bourdieu. Intenta integrar en su seno, además, la herencia de la ciencias sociales de carácter empírico-cualitativa. Los conceptos base de esta tradición son investigadora son los de significado, receptor (o lector), texto (o programa), contexto de recepción, interacción social y metodología cualitativa. SIGNIFICADO. En las ciencias sociales hay una distinción clásica entre hecho social, de Durkheim, y acción social, de Weber. Para el primero la Sociología debe ser una ciencia neutral, objetiva, científica, de resultados generalizables y, por tanto, cuantitativa; para Weber, en cambio, debe ser una ciencia interpretativa, donde el significado, el contexto y lo singular, serán los rasgos más destacables. Es más una ciencia cualitativa que cuantitativa, y explicar supone comprender e interpretar. Idénticas diferencias se desarrollaron en el campo de la psicología entre las corrientes behavioristas, como el conductismo, donde lo psíquico es concebido en términos de comportamiento objetivo y medible, es decir reducible a datos físicos cuantitativos (la conducta) y otras corrientes más humanistas, entre ellas el psicoanálisis, donde el individuo no se puede reducir a un simple dato objetivo y cuantificable sino que es concebido como un ser más complejo, dotado de subjetividad e intencionalidad. Habermas (1994) distingue entre comportamiento y acción. El comportamiento es observable y descriptible, pero la acción es comprensible. Observamos cómo una mosca se golpea contra el cristal, pero interpretamos la salida de un trabajador en base a normas sociales y de contexto. Las acciones se pueden observar: pero sólo son interpretables a la luz del contexto social. Si observamos que un trabajador vuelve a casa podemos interpretar que lo hace porque quiere, porque ha terminado su trabajo o porque tiene que cosas que hacer en su casa. Pero necesitamos conocer el contexto social cuyas normas permiten explicarlo. Las acciones no son susceptibles de medición física. Anderson (1987) de la mano de Habermas distingue entre hechos físicos y hechos sociales, donde los primeros serían observables y los segundos interpretables. De alguna manera se podría decir que coinciden con los conceptos de comportamiento y acción del filósofo alemán. Epistemológicamente el comportamiento está del lado de los hechos físicos; mientras que la acción lo está de los hechos sociales. Por ejemplo, si alguien apunta con su arma no sólo describimos el hecho sino que lo interpretamos: se va a defender de fulano que va a aparecer por la puerta. Esto es necesario para que adquiera sentido para nosotros. Cuando alguien dice adiós con la mano no nos limitamos a describir mecánicamente con la mano ese acto, sino que lo interpretamos. No decimos: un hombre mueve la mano en un arco de unos 45 grados aproximadamente de tal modo y en tal dirección, etc. De igual manera que no podemos decir que escribir sea un acto mecánico de marcar letras, sino que pretendemos decir algo y debemos ser capaces de utilizarlo para expresarnos (es posible conocer un alfabeto y escribirlo sin saber lo que pone). Imaginemos la siguiente historia contada por el escritor E. Canetti sobre el "santón de Marrakech". El escritor se sintió atraído por el comportamiento de un viejo mendigo, santón, vagabundo y ciego, que permanecía inmóvil en una esquina, y cada vez que alguien le daba una moneda, se la metía en la boca, dándole vueltas y chupándola durante largo rato. Tras lo cual volvía a su compostura inmóvil. Intentemos preguntarnos por qué actúa de ese modo: ¿es un ritual?, ¿es su modo de reconocer la moneda?, ¿lo hace como agradecimiento?, ¿o es que la saliva tiene el valor de una bendición? El sentido de su acción, el significado que atribuye él a la misma, es algo que desconocemos. De igual modo ocurre cuando un espectador capta lo que sucede en la pantalla. La capacidad de influencia de lo que ve dependerá del valor que le asigne. RECEPTOR. También es sinónimo de lector para especificar que se trata de una actitud activa la que desarrolla el receptor en la interpretación de los mensajes de los media. Comparten con los usos y gratificaciones la concepción del sujeto como actor, agente activo y no pasivo, como suponía la tradición de los efectos Pensar en una ilimitada capacidad de los medios sobre los individuos significa que aquellos actúan como si se tratara de una aguja hipodérmica que inyecta un mensaje y hace saltar el resorte del comportamiento humano moviéndonos a la acción. Pero se olvida que las personas no son ratones ni palomas. Los seres humanos piensan e interpretan los mensajes, y en formas muy complejas a veces. Como afirman Hodge y Tripp (1988), la TV comunica significados, pero no lanza a los niños a la calle. Y si tiene efectos será a través de esos significados. El significado es el producto de la interacción entre texto y lector, receptor y mensajes, pero en un contexto dado y con una personalidad también dada. La concepción de sujeto que subyacía a la tradición de los efectos fuertes es la de la mente humana entendida como un receptáculo vacío, en la que no hay nada, una especie de "tabula rasa" al modo empirista tradicional en la que no hay nada escrito. En esta concepción no es de extrañar que se pueda reducir la conducta a una relación del tipo estímulo-respuesta. Pero obviamente las cosas no son tan simples. La subjetividad humana es más compleja:
Si sumamos el yo personal (a) y el yo social (b) tendremos el yo biográfico que estructurará y dará forma a los mensajes o textos mediáticos. En la interacción descodificadora, el contenido de los media es la materia y ese yo biográfico (psico-social) es la forma. Hay múltiples ejemplos de interpretación según variables diversas. Así, Fiske (1987) ha mostrado cómo los aborígenes australianos leen Rambo como si se tratara de un luchador rebelde. Katz y Liebes (1990) han mostrado múltiples lecturas de Dallas atendiendo a factores culturales diversos. No hay homogeneidad interpretativa, no mucho menos. Morley (1980) fue el primero en proporcionarnos lecturas diferentes, según categorías socioculturales de espectadores, en la visión del noticiario de la BBC Nationwide. Y así muchos más: la lista es extensa: estudios de género (Hobson, 1982; Modleski, 1984; Seiter, 1989; Radway, 1984; Ang, 1985; Livingstone, 1990; Press, 1989); de jóvenes (Hebdige, 1979; Fiske, 1989; Jenkins, 1992; Willis, 1977, 1990; Lewis, 1990; Gillispie, 1995; Milkie, 1995, Pasquier, 1995); y autoras feministas que se adentraron en la intersección entre feminismo y adolescencia (Hobson, 1980; McRobbie, 1980; Lewis, 1990; Brown 1994). Incluso, como mostró Lindolf (1987) los individuos pueden llegar a constituir comunidades interpretativas al compartir intereses y gustos de visión. Morley (1986), uno de los más destacados miembros de los Estudios Culturales, habla de una relación texto-contexto que él encuentra necesaria e indivisible. Con una visión integradora de ambos momentos. Hay una relación entre ellos que lo evidencia: la audiencia lee/descodífica el texto en base al contexto sociocultural que la enmarca y envuelve. Factores como clase, cultura, etnia, sexo o edad se hallan presentes en la descodificación de los contenidos, y por tanto en la configuración del significado. Un significado que el sujeto receptor negocia con el objeto emisor y sobre el que puede efectuar, incluso, lecturas diferentes a la preferida e inserta en el texto. Lecturas alternativas o criticas a los contenidos del emisor. Esta es una capacidad que por vez primera se reconoce a la audiencia, la cual es concebida como activa. El receptor es algo más que un número en la estadística de medición: es también un sujeto que actúa como receptor activo. Esto le conduce a Morley (siguiendo a Hall) a distinguir entre lecturas dominante, negociada y opuesta, en base a la descodificación e interpretación que el espectador hace de los distintos programas. La recepción de la TV se inserta en la compleja red de relaciones de poder que es el ámbito doméstico, donde a nivel micro se reproducen las relaciones de fuerzas que dominan el nivel macrosocial, nos sigue diciendo Morley. Lo contextual incide decisivamente en lo textual. El núcleo familiar es sólo un microcosmos reproductor de las relaciones macrocósmicas existentes. El sujeto-receptor está social y culturalmente situado, condicionado por los factores macro. Se puede decir sin ambages que la significación no es producto del sujeto. Al menos no de un sujeto aislado o imaginado. Los sujetos no viven en el aire. Ese individuo "in abstractum" es una entelequia inexistente. TEXTO. Los contenidos de los medias, se les llame programas o textos, son concebidos como polisémicos, es decir abiertos a diversas interpretaciones. Esto explica que se puedan leer de manera diferente por receptores diferentes. Ya U. Eco distinguía entre lector ideal (lector in fábula), que haría la interpretación más o menos correcta o esperada del texto, y lector empírico, aquel que realiza una libre interpretación del texto, proporcionando interpretaciones alternativas. Fiske (1987) y De Certeau (1984) consideran la polisemia una cualidad intrínseca a los textos mediáticos. Sólo de este modo se hubieran podido dar las interpretaciones de Nationwide o de Dallas tan diferentes que se dieron. Algunos autores han llegado a definir a los receptores como cazadores de textos mediáticos, por releerlos y recrearlos para sus fines (Jenkins, 1982). CONTEXTO. En la interpretación se han mencionado los factores debidos al receptor (V. Morley más arriba) y al texto, pero hay otros fundamentales debidos al contexto de la recepción. La construcción del significado, la interpretación de los mensajes, se efectúa mediante la interacción del lector con el texto. Pero el lector, además, se enfrenta a los contenidos mediáticos en medio de diversas situaciones o mediaciones que condicionan y circunscriben los mensajes. Por ejemplo, la mediación que recibe un niño de sus padres a la hora de interpretar lo que ve. A lo que se añade que la recepción está sometida a ciertas reglas y rutinas domésticas, como han visto autores como Lull. Pues toda recepción se da en un contexto dado y en unas condiciones determinadas: en la casa, la escuela o un sitio público, con unas reglas o rutinas de visión, con un control sobre lo que se ve, seleccionando o no, prestando más o menos atención, etc. Lull habla de múltiples tácticas y reglas que regulan la visión en el ámbito familiar. Estrategias que ponen en prácticas las familias en el desempeño de la función receptora. Lo interesante es que Lull distingue entre lo que él llama usos estructurales y usos relacionales de la TV. Los usos estructurales se refieren al modo en que aquella interviene en la dinámica familiar, por lo que incluirá aspectos como la utilización de la TV para diversas finalidades (ruido de fondo, compañía, fuente de diversión, etc), así como su capacidad para regular la dinámica familiar en función de sus citas con ella. Por lo que respecta a los usos relacionases se incluyen una diversidad de cuestiones, como su papel en la facilitación de la comunicación (donde personajes, temas y contenidos en general suministran material para las conversaciones y las interacciones) o la utilización como medio para el aprendizaje social (complemento escolar, información, etc) o el reforzamiento de roles. Como bien afirma Silvertone (1996) la TV ha modificado los hábitos domésticos y la organización del tiempo y el espacio familiar. Tanto este investigador como Morley y Lull establecieron que la familia es fundamental porque ella constituye el topos, el lugar en el que se ejerce la "tele-visión". Su contexto. Los relaciones que los hijos establecen con ella se ve mediada por la que existente entre padres e hijos, pero también entre padres y televisión puesto que en definitiva es en el hábito doméstico donde se enmarca la recepción. Unos hábitos que son dependientes del modelo familiar que aparece como verdadero telón de fondo, como auténtico marco estructurador de las complejas relaciones entre la familia y la pantalla. De acuerdo con el sociólogo francés Pierre Bourdieu (1998), el habitus configura el gusto y orienta las prácticas del consumo. Y es en el espacio vital de la familia donde se configuran dichos hábitos de uso y consumo, tanto televisivos como de otros medios de comunicación. Además, es fundamental que tales hábitos comiencen lo antes posible. Tenemos así los tres factores:
INTERACCIÓN SOCIAL. De acuerdo con el investigador francés Dominique Boullier (1991) la verdadera influencia de la televisión comienza cuando se apaga el aparato. Sus contenidos, mensajes y valores se diseminan por el tejido social e impregnan buena parte de las actividades diarias de la gente: y esto tiene lugar en la fase interactiva del proceso de consumo y/o uso de los medios. Es decir, además de la fase receptiva hay otra no menos importante, la interactiva, donde los significados de los media pueden tomar nuevas significaciones como consecuencia de las relaciones e interacciones de los receptores entre sí. El individuo se halla en medio de una red de relaciones sociales, no es alguien que esté aislado. De esta manera los significados de los media se integran en la vida cotidiana de diversas maneras. Diversos autores han mostrado esos significados se hallan presentes en los diversos momentos de la vida: en los juegos y conversaciones infantiles (James y McCain), en el trabajo (Hobson), en la escuela (Milkie), entre las actividades juveniles (Willlis, Jenkins) y en cualquier lugar donde los seres humanos se encuentren unos con otros. El momento receptivo de la TV no es más que el comienzo de su relación con ella. De ahí el valor tan importante en la socialización de niños y adolescentes, siendo junto a otros agentes uno de los más importantes en este aspecto. METODOLOGÍA CUALITATIVA. La medición de audiencia no es investigación de audiencia. Como sostiene Jensen (1991), de lo que se trata es de estudiar la audiencia pero cum contenido. Detrás de los datos de medición, de las cifras estadísticas, hay gente con nombre y apellido y con unos intereses de los que no se conoce apenas nada. Y menos su opinión sobre los media y sobre lo que ven. Es por ello que un estudio de estas características se orienta hacia las metodologías cualitativas: observación participante, entrevistas en profundidad (individuales o de grupo), análisis de contenido. Cuando se realizan conjuntamente se tiene lo que se ha dado en llamar una etnografía. Suele ser muy practicada por los miembros de los cultural studies, aunque menos por los estudiosos de la recepción. La etnografía, método etnológico debido a los antropólogos, requiere de la observación directa en los hogares del momento de la recepción, de ahí su peculiaridad. Aquellos autores que han investigado sobre la recepción familiar, como Lull, Morley, Silverstone, Livingstone o Gillispie, la defienden como el mejor método sobre el consumo de medios, pues entienden que combina el momento interpretativo con el interactivo. Mientras que los partidarios de la recepción, sobre todo del área nórdica (entre ellos, Jensen, Hoijer o Schroeder) y francesa (como Pasquier, Boullier, Proulx) no consideran necesario la observación in situ del momento receptivo al entender que tan importante como la filiación o pertenencia a una familia lo es a otras categorías sociales y culturales. Además, la televisión es parte de la vida cotidiana y su vinculación con ella no termina al apagar el aparato, sino que, como afirma Boullier, sólo acaba de comenzar. 4. Postulados teóricos de la Estudios Culturales
La finalidad de la corriente Estudios Culturales es el análisis de los objetos culturales y su significado social. Es una corriente interdisciplinar que abarca todo el ámbito de la cultura al que pertenecen los media, los cuales son grandes creadores de objetos y significados. Su papel en nuestro contexto histórico es incuestionable. De ahí que dentro de esta corriente una parte importante de ella se haya dedicado en las dos últimas décadas al estudio de su influencia y repercusión. 5. Categorías fundamentales de análisis de los Estudios Culturales S. Hall (1980) en una obra sobre codificación y descodificación de textos mediáticos señala las bases teóricas del inicio de las investigaciones sobre medias de los Estudios Culturales. Busca dar cuenta del proceso productivo/codificador) e interpretativo/descodificador. En ella se señala que el significado aparece como un proceso dialéctico entre texto y lector. La producción codifica un texto siguiendo rutinas profesionales que es recibido por los lectores que lo interpretan produciendo significado. Es decir, el texto queda convertido en un producto simbólico con el que la audiencia ejerce una labor interpretativa. Pero los códigos interpretativos pueden no ser simétricos. Dicha asimetría descansa en:
Esto último alude al momento de la recepción con sus condiciones, lo que constituye el marco interpretativo del texto: factores tanto personales como socioculturales (factores sociales, culturales, ideológicos, éticos, etc.). Tales factores propician la existencia de diversas comunidades interpretativas sobre la base de lecturas o interpretaciones divergentes. Como recordaba S. Hall, ese juego interpretativo que realiza el receptor se mueve entre las conocidas tres posiciones lectoras: dominante (la más simétrica o aceptadora del código textual), negociada (intermedia, de encuentros y desencuentros con el texto, cercanía o alejamiento) y opositora (punto de mayor asimetría, rechazo del texto) Un aspecto fundamental de los C.S. es la revalorización de la cultura popular, como opuesta a la llamada alta cultura, la del sistema escolar y la cultura clásica, considerada de naturaleza libresca y elitista. Se interesan por los cómics, las soaps opera, la novela folletinesca, la prensa popular, etc. Y se pregunta por el placer que siente los usuarios. Aunque hay estudios sobre las noticias (Morley, Hartley, Lewis), género más serio, los miembros de la corriente pronto se inclinaron por analizar los géneros populares, sobre todo los televisivos. En este campo la aportación de los estudios feministas (Hobson, Modleski, Seiter, Radway, Ang, Livingstone, Brown, Press) y de los jóvenes (Hebdige, Fiske, Jenkins, Willis, Lewis, Gillispie, Baazer) son fundamentales. En resumen son categorías fundamentales de los Estudios Culturales:
|