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La semiótica a) El estructuralismo: fundamento de la semiótica El estructuralismo se preocupa por el modo en que la construcción de los signos produce significados. Estas estructuras lingüísticas pueden ser narraciones de diversa índole. La estructura se refiere a la relación ordenada de los elementos de un conjunto. Para la semiótica los textos deben su significado al lenguaje y al modo en que se haya articulado en el mismo. Además su significado depende de referencias culturales. De este modo, los signos pueden descodificarse en base a esas claves culturales. Toma como modelo la lingüística para extenderla a otras ciencias. De acuerdo con Saussure, aunque la palabra es un acto individual, la lengua es una institución social (Heiddeger lo llamaba la casa del ser). La lengua es un sistema organizado de signos que expresa ideas y representa el aspecto codificado del lenguaje. La función de la lingüística es estudiar las reglas de ese lenguaje productor se sentido. Saussure soñaba con la formación de una ciencia general de todos signos sociales llamada semiología. Estudiaría la naturaleza de los signos y sus leyes. Es lo que intenta Barthes al definirla como el estudio de cualquier signo, social, gestual, sonido, actos, moda, etc. Incluye ritos, protocolos sociales, espectáculos, que si no constituyen lenguajes sí sistemas de significación. De los elementos por él propuestos, dos son de especial importancia en los medios de comunicación, los binomios significante-significado y denotación-connotación. Al estudiar la prensa, la radio, la publicidad, esboza una teoría de los mitos modernos a los que caracteriza como lenguajes connotados. Una imagen publicitaria denota el significado por ella transmitido pero connota valores añadidos a la imagen. El primer nivel de significación, el primario o denotativo, es superficial; y el segundo requiere un conocimiento de la cultura en cuestión. Lo denotativo es más universal y objetivo. En Francia surge un movimiento alrededor de Morin, Barthes y muchos otros para estudiar los medios de comunicación y su relación con la sociedad. Barthes, vinculado al estructuralismo, se interesa por el estatus simbólico de los fenómenos culturales y pretende una verdadera ciencia de la cultura alrededor de la semiología. A Morin le interesan las industrias culturales y los valores de esa nueva cultura que es la cultura de masas. Otras personalidades como Metz, Kristeva, Greimas, Verón, Gluskmann, etc. son referencia de este movimiento, que se expresa a través de la revista Communications. Paralelamente, surge en Italia otro movimiento interesado en el estudio de los medios de comunicación y la cultura de masas, alrededor de Eco, Fabri o Cassetti. Aportaciones interesantes en Francia, son las representadas por Bourdieu y Foucault. Ambos pensadores, el primero más sociólogo, imprimen un sello particular al análisis social y cultural. A Bourdieu le interesa especialmente el aspecto social y reproductivo de los mecanismo de control y poder. La formación social se halla en la base de las relaciones de fuerza entre grupos que imprimen un sello en forma de “habitus” (el “habitus” configura el gusto y orienta las prácticas del consumo). En cualquier actividad, de ocio, social o comunicativa, se puede ver la huella de las diferentes formaciones u orígenes socioculturales. No hay actividad independiente de su contexto. Incluso, la representación dominante de los códigos y valores traspasa estamentos sociales y se deposita en todos los ámbitos y niveles de la sociedad. b) La semiótica informacional Si en la teoría matemática de la información el factor esencial era la eficiencia del proceso comunicativo, en el modelo semiótico lo esencial viene dado por los componentes cognitivos del proceso. Frente a la capacidad de difusión su capacidad cognitiva y dinámica. El problema de la significación, algo específicamente humano, aparece en este modelo como fundamental. El modelo sigue la linealidad anterior pero cobra importancia el código: se pasa de la transferencia de información entre sistemas a la transformación de un sistema en otro. Es el código el que lo garantiza. El código aquí no es el conjunto de reglas técnicas que permite transferir el mensaje a través de un canal sino el significado transmitido y en el que es esencial el descodificador, el destinatario. El modelo matemático une emisor y receptor (aparato); el semiótico, fuente y destinatario. De lo técnico-comunicativo a lo humano-comunicativo. El sentido es esencial al proceso comunicativo. Pero la linealidad sigue en pié.
Entre significante transmitido y el significado recibido hay un espacio variado. La fuente y el destinatario comparte ciertos códigos y competencias comunicativas que marcan los límites de la descodificación aberrante (Eco dixit). Lo interpretativo aparece como esencial en el proceso comunicativo, algo ausente del esquema psicologista de los efectos. En éste el efecto era esperado por el comunicador como algo inscrito en el mensaje; en este modelo ese efecto es producto de una interpretación y participación del destinatario. Éste ha de intervenir para que la comunicación finalice como tal. Incluso, a diferencia de la teoría crítica, señala la dificultad de deducir de forma directa y lineal las reglas del reconocimiento, de los efectos de sentido, a partir de la gramática de producción. Esta gramática define un campo de posibles sentidos con la dificultad de saber la gramática competencial aplicada por el destinatario a un texto. De las reglas de producción no se infiere la descodificación o el sentido del texto (Verón), para lo cual es de suyo la aplicación de reglas competenciales interpretativas en la lectura. Los factores competenciales interpretativos son diversos, sociales, culturales, etc. Y están presentes en el acto descodificador. Sin duda, el valor epistemológico de este modelo es considerable. La mediación simbólica no es solo el resultado de operaciones mediáticas difusoras o transmisoras sino el resultado del proceso comunicativo en el que el destinatario y sus variables poseen claves fundamentales del acto comunicativo. Este esquema ha generado una gran profusión de trabajos sobre comprensión e interpretación de mensajes y contenidos, pero no ha logrado efectuar el salto cualitativo necesario que lleva aparejado esa lectura y los efectos consiguientes. Es por ello que este modelo se ha visto confinado, como apunta Wolf, al ámbito del análisis de los mensajes, los códigos y la estructura comunicativa, pero no ha podido efectuar el salto a los efectos sociales. c) La semiótica textual Considera que no se puede hablar de la linealidad que representa que un mensaje según cierto código llega al destinatario que lo descodifica siguiendo reglas determinadas que pueden no coincidir con la codificación. Los receptores no reciben mensajes particulares sino conjuntos textuales (a), ni los mensajes son reconocibles directamente sino asociados a conjuntos de prácticas textuales (b). Esto es algo comprobable en los gustos de grupos de audiencias, como los adolescentes, para los que más allá del soporte que vehicula los mensajes hay una unidad temática en cuanto a los contenidos que traspasa los medios. El modelo semiótico-informacional pone el acento en el elemento interpretativo indispensable a todo proceso comunicativo y, por consiguiente, en la relevancia del código y los problemas asimétricos entre emisor-receptor y sus implicaciones para el feedback comunicativo. El semiótico-textual supera esta dicotomía emisor-receptor para ir más allá de los mensajes al situarse en la perspectiva en la que lo transferido es una relación comunicativa, más que un contenido, construida en torno conjuntos de prácticas textuales. Hay una diferencia cualitativa en la asimetría entre emisor y receptor, saber hacer y saber reconocer, que afecta a la significativdad de los textos mediáticos. En la comunicación de masas los receptores no reciben mensajes aislados e individuales reconocibles sino conjuntos de prácticas textuales Sobre esta base distinguen entre cultura gramaticalizada y cultura textualizada. La primera se refiera a la culta y la segunda a la de la comunicación de masas. Ésta impone sus modelos, estilos y género entre la audiencia de forma masiva. La competencia interpretativa de los destinatarios se basa la acumulación de textos ya recibidos y consumidos. Lo mismo ocurre entre los emisores basada en el valor de la competencia adquirida y establecida en recetas y fórmulas reconocidas. Lo ya recibido y establecido es un criterio fuerte de vinculación con los públicos. Y a diferencia de la teoría informacional en este caso el emisor extrae sus consecuencias de análisis de las respuestas del receptor para ajustar sus mensajes en función de la descodificación. La codificación se ve influenciada por la descodificación. La asimetría entre el destinatario-tipo inscrito en el texto y el empírico proporciona una extensa posibilidad en las relaciones comunicativas establecidas entre emisor y receptores. |