Teoría crítica (E. de Frankfurt)

Se trata de una tradición investigadora de raíz europea en USA, cuyo origen es el Instituto de Investigación Social Aplicada de Francfort. Es crítica con la "investigación administrativa", como era conocida la Comunicación Research, al considerar que su dependencia de las empresas de medios hipoteca buena parte de los resultados de sus investigaciones. La E. de Frankfurt efectúa una labor crítica de la actividad científica contemporánea, incluida la investigación de masas, por entender que es parte integrante de la sobreestructura, en términos marxistas. La ciencia social, como la entiende la C. Research ha contribuido al sostenimiento del poder establecido en la sociedad actual.

 Son conceptos centrales en esta teoría los siguientes:

1) Industria cultural. La cultura de masas se ha convertido en un instrumento de dominación social en manos de las multinacionales sirviendo para consolidar al sistema capitalista. De tal modo  que las principales expresiones de esa cultura de masas, como el cine, la radio, la prensa, los libros, la TV, se han convertido en industrias culturales regidas por parámetros de rentabilidad comercial antes que cultural. Se han transformado en un conjunto de productos cuya demanda social implica unos estándares de producción social similar a otros sectores económicos: organización, planificación, management. Los objetos producidos por esta industria pese a su peculiaridad no se diferencian de la producción de coches u otra industria. Se trata de una actividad industrial apta para el gran público, producida en serie, estandarizada y regida por la racionalidad económica y sus leyes de mercado. Estándares mercantilistas y economicistas que buscan la máxima rentabilidad económica: la cultura convertida en mercancía. Se trata, en suma, de la conversión de los fenómenos culturales en valor de cambio, dominados por lo económico y cuyas consecuencias son, entre otras, la supresión de su capacidad crítica y liberadora del ser humano.

 2) Productos. Las industrias culturales elaboran productos de baja calidad cultural que imponen sus estereotipos de alcance masivo con vistas al consumo y el ocio. La industria cultural funciona como una maquinaria que impone sus valores, sus  estereotipos y sus representaciones, los cuales se hacen ominipresentes y conforman los cánones de lo cultural. Aquellos valores propios de las obras culturales, del goce y la experiencia estética del ser humano, quedan sometidos a esos estándares masivos generados por las industrias culturales. Éstas crean fórmulas rígidas y de fácil asimilación por las masas sociales buscando satisfacer los deseos materialistas disfrazados de cultura. Los productos de las industrias culturales, en expresión marxista, se caracterizan por poseer un valor de cambio antes que de uso.

 3) El IndividuoEs visto como consumidor antes que como ser humano, como objeto antes que como sujeto, como un ser cosificado, integrante de la estructura consumista, dominada por la rentabilidad económica. Gracias a las industrias culturales el ser humano actúa como un consumidor antes que como un ser humano libre y autónomo, estando marcado por las leyes de la oferta industrial que controlan las necesidades del consumidor atendiendo a los principios de rentabilidad comercial. El individuo consumista fruto de la cultura de masas posee un pensamiento uniforme. Es un hombre unidimensional, consumista y autocomplaciente que carece del pensamiento crítico (Marcuse).                                                        

4) Ideologia. Estos productos logran disfrazar y ocultar las injusticias y desajustes sociales mediante la ilusión del goce momentáneo de la posesión de bienes materiales y culturales. De este modo, transmiten la ideología dominante, reforzando y consolidando la sociedad de clases y el sistema capitalista. Legitiman y normalizan la desigualdad mediante la aparente normalidad. Su máxima parece decir “todo está bien, diviértete y piensa como la mayoría…”. Se trata de una huida de la realidad, superando el estrés mediante la posesión de productos de consumo.  

5) Contra la investigación administrativa (de la C. Research). Por someterse a los poderes económicos y no cuestionarse los principios y fines de su labor, el valor social de los medios y sus productos. Sus investigaciones sirven para consolidar el papel dominante de los medios y el poder. Presentan además una falsa objetividad pues sus resultados sirven para fortalecen el sistema. La investigación administrativa presta un servicio que rebasa el mero conocimiento científico al conseguir fortalecer el poder y la cultura dominante. Para la teoría crítica es fundamental estudiar el papel que corresponde a los medios en el conjunto del sistema social. Nos encontramos así en la dialéctica investigación aplicada y empírica frente a investigación teórica y crítica. Pero ese antagonismo no es tan radical, pues hay reflexión teórica en los funcionalistas y al contrario. Sus críticos consideran que la T. Critica se ha quedado en mera especulación incapaz de aterrizar y buscar investigaciones que corroboren sus planteamientos. Por el contrario, los críticos de la T. Administrativa afirman que ha sido incapaz de establecer conexiones con el sistema social y contextos amplios del conocimiento teórico.

 

Como heredero de esta corriente, Habermas desarrolla su propia visión teórica de la racionalidad técnica, en “La técnica y la ciencia como ideología”.  En “El espacio público” examina la arqueología de la publicidad como base constitutiva de la sociedad burguesa, pues aquella contribuía a la difusión de las opiniones publicas de los intereses generales de la colectividad. En sus orígenes poseía una dimensión democrática burguesa, en los siglos XVII y XVIII en Inglaterra y Francia. La publicidad servía para constituir una opinión pública racional que extendía el debate, la confrontación de ideas, la argumentación dialéctica. Muy vinculado a la ilustración. Pero el desarrollo de las leyes del mercado pone al servicio de los más influyentes uno conjunto de instrumentos divulgadores con fines particulares. Poco a poco se va produciendo una instrumentalización del discurso a favor de ciertos intereses. El modelo comercial “fabrica opiniones” con intereses determinados. En la Grecia clásica, lo hacía ya los sofistas, aunque tenían ocasión de una exposición pública, de una dialéctica o confrontación de ideas. Pero la defensa de unos intereses y su intento en influir en la opinión pública es tan antiguo como el hombre mismo.  

La fabricación de opiniones con vistas a unos intereses determinados sienta las bases de la manipulación, la estandarización y masificación del público. El ciudadano se ve convertido en consumidor de emociones y comportamientos, dando pie a la propagación de conductas privadas para ser digeridas con ansiedad por el gran público y manipular su racionalidad. Ello conduce a disolver la comunicación pública en modelos estereotipados cargados de emocionalidad donde se mezclan la propagación de ideas interesadas con lo exhibición de conductas privadas.