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Se trata de una tradición investigadora de raíz europea
en USA, cuyo origen es el Instituto de Investigación Social Aplicada de
Francfort. Es crítica con la "investigación administrativa", como era
conocida
1) Industria cultural. La cultura de masas se ha convertido en un instrumento
de dominación social en manos de las multinacionales sirviendo para
consolidar al sistema capitalista. De tal modo que las principales
expresiones de esa cultura de masas, como el cine, la radio, la prensa, los
libros,
3) El Individuo.
Es visto como consumidor antes que como ser humano, como objeto antes que
como sujeto, como un ser cosificado, integrante de la estructura consumista,
dominada por la rentabilidad económica. Gracias a las industrias culturales
el ser humano actúa como un consumidor antes que como un ser humano
libre y autónomo, estando marcado por las leyes de la oferta industrial que
controlan las necesidades del consumidor atendiendo a los principios de
rentabilidad comercial. El individuo consumista fruto de la cultura de masas
posee un pensamiento uniforme. Es un hombre unidimensional, consumista y
autocomplaciente que carece del pensamiento crítico (Marcuse).
4) Ideologia. Estos productos logran disfrazar y ocultar
las injusticias y desajustes sociales mediante la ilusión del goce
momentáneo de la posesión de bienes materiales y culturales. De este modo,
transmiten la ideología dominante, reforzando y consolidando la sociedad de
clases y el sistema capitalista. Legitiman y normalizan la
desigualdad
mediante la aparente normalidad. Su máxima parece decir “todo está bien,
diviértete y piensa como la mayoría…”. Se trata de una huida de la realidad,
superando el estrés mediante la posesión de productos de consumo.
5)
Contra la investigación administrativa (de
Como heredero de esta corriente,
Habermas
desarrolla su propia visión teórica de la racionalidad técnica, en “La técnica
y la ciencia como ideología”. En “El espacio público” examina la
arqueología de la publicidad como base constitutiva de la sociedad burguesa,
pues aquella contribuía a la difusión de las opiniones publicas de los
intereses generales de la colectividad. En sus orígenes poseía una dimensión
democrática burguesa, en los siglos XVII y XVIII en Inglaterra y Francia. La
publicidad servía para constituir una opinión pública racional que extendía
el debate, la confrontación de ideas, la argumentación dialéctica. Muy
vinculado a la ilustración. Pero el desarrollo de las leyes del mercado pone
al servicio de los más influyentes uno conjunto de instrumentos divulgadores
con fines particulares. Poco a poco se va produciendo una
instrumentalización del discurso a favor de ciertos intereses. El
modelo comercial “fabrica opiniones” con intereses determinados. En
La fabricación de opiniones con vistas a unos intereses
determinados sienta las bases de la manipulación, la estandarización y
masificación del público. El ciudadano se ve convertido en consumidor de
emociones y comportamientos, dando pie a la propagación de conductas
privadas para ser digeridas con ansiedad por el gran público y manipular su
racionalidad. Ello conduce a disolver la comunicación pública en modelos
estereotipados cargados de emocionalidad donde se
mezclan la propagación de ideas interesadas con lo exhibición de conductas
privadas. |